jueves, 19 de marzo de 2020

EL REGRESO - CAPÍTULO 1



Desde que me he despertado esta mañana, un escalofrío recorre mi espalda, sin saber por qué. A los pies de la cama mi perra Kira, mezcla de pastor alemán y labrador me observa con esos ojos pintados de negro esperando que le haga una caricia mientras me ofrece una de sus patas y mueve el rabo como un remolino, de alegría. Sé que no debiera consentirla tanto, pero es mi debilidad desde hace cinco años. La adopté a través de un familiar que dedica su tiempo a acoger perros en su casa.

A las ocho nos hemos puesto las dos en marcha; He tomado mi ducha diaria, con el agua bien caliente, a pesar de que no favorezca a la piel y músculos. Pero es mi placer matutino.

Ya estoy en esa etapa de la vida, que sin descuidar la imagen, no vivo obsesionada por ella. Desde hace un tiempo, me da lo mismo una semicorchea que una semifusa. Y no es desidia. Simplemente he llegado a la aceptación total del yo. Me miro en el espejo y me reconozco; con mis principiantes arrugas y algunas canas que pasan desapercibidas con un color adecuado del cabello.


Con mi café humeante entre las manos, me siento ante el escritorio que está delante del gran ventanal que da al jardín. Observo el cuidado césped y los hermosos robles y majestuosas acacias que rodean la finca, que me transmiten una gratificante tranquilidad. Aunque vuelvo a sentir ese escalofrío recorriendo mi espalda.
Al abrir el portátil, y ante una imagen de una playa caribeña, que me ofrece el salva pantallas, observo en la parte izquierda en un pequeño recuadro, la fecha.

10 de Marzo.

Hoy justo hace un año de mi segunda oportunidad..Lo recuerdo perfectamente.

Era un invierno atípico, como vienen siendo casi todos desde hace unos años debido al cambio climático; Dormía, cuando de pronto una sacudida me despertó. Completamente aturdida a causa de la mela-tonina que suelo tomar para paliar el insomnio que padezco, me incorporé:

Miré el reloj de la mesilla, eran las 4,20

Kira me estaba olfateando, e insistía con el morro para que levantara. ¿Qué querrá a estas horas?, supongo que salir a orinar, pero se movía por la habitación inquieta sin dejar de mirarme y sin acercarse a la puerta que da acceso al jardín.

Al incorporarme mi cuerpo se fue hacia la izquierda del dormitorio, la pierna izquierda tampoco me respondía y el mismo lado de la cara estaba acolchado. Ante esos síntomas extraños y que no había tenido nunca llamé al 112.


1 comentario:

  1. Hola Josep! Muchas gracias por esta aula virtual. Y el trabajo que has hecho para presentar hasta una portada. Y hasta el titulo podria ser ese perfectamente. Espero comentarios y criticas siempre para mejorar lo poco que se. De nuevo, gracias!

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